Reseña de Patricia López Garrido.
Ya os he contado en este blog cientos de veces que soy fan incondicional de la literatura feel good; este año he leído varias novelas de este tipo y todas me han encantado, por cierto. Pero un día, leyendo este artículo de Ateneo Literario de Mónica Serendipia, me produjo mucha pero que mucha curiosidad que el libro que os vengo hoy a reseñar estuviera el primero de una lista de 10 títulos imprescindibles de novela feelgood.
Se trata de Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon. Si os preguntáis qué fue lo que tanto me llamó la atención de él, os diré que fueron varias cosas: primero, que estuviera escrito en los años 20; segundo, que el protagonista fuera un personaje masculino; y, por último, que la historia tuviera que ver con dinero.
En un principio, ninguna de estas tres premisas encajaba con mi definición de literatura feel good pero todo quedó en meros prejuicios: primero, porque ya sabéis que los años 20 americanos se caracterizan por ser los Felices Años 20; además, a pesar de que el término feel good sea relativamente nuevo, el género ya tiene unos cuantos años, basta con echar un vistazo al listado del artículo que os comentaba antes.
Segundo, si bien es cierto que casi todos los libros feel good que he leído tienen como protagonista a una mujer, hay excepciones muy excepcionales como Brooklyn follies, de Paul Auster. Y, en tercer lugar, y a pesar de lo que pueda parecer, los millones son solo una excusa para que Monty Brewster descubra lo verdaderamente importante.
Por otro lado, Los millones de Brewster cumple todos los requisitos de una buena novela feel good, siempre desde mi punto de vista, claro: hay un personaje con una actitud fuerte y positiva ante la vida, que se enfrenta a un reto y consigue salir victorioso. El final, desde luego, es feliz, pero lo es porque el personaje va evolucionando y buscando para que así sea. También cumple una característica fundamental: se ambienta en lugares de ensueño por los que cualquiera querría pisar.¿O acaso no os gustaría hacer un crucero de tres meses por Europa, Asia y África desde Nueva York?
Con todo esto ya os podéis hacer a la idea: sí, el libro de Los millones de Brewster me ha encantado. Además, desborda Felices Años 20 por todos los poros y la verdad es que ese tipo de literatura me chifla.
Bueno, y después de seis párrafos os digo de qué va: Brewster es un joven americano prometedor que un buen día recibe un millón de dólares de la herencia de su abuelo. Unos días después, le informan de que ha heredado otra fortuna mucho mayor de un tío lejano. Sin embargo, para cobrarla, hay un requisito: tiene un año para gastar la herencia de su abuelo o se quedará sin nada.
Por supuesto, Monty acepta el reto y, aunque a priori parece el sueño de cualquiera, no le será tan fácil gastar ese millón de dólares porque: no le puede decir a nadie lo que pasa, tan solo lo saben sus abogados; no puede hacer donaciones extravagantes; tampoco puede comprar propiedades u otro tipo de bienes porque al cabo del año eso supondría que tendría bienes tangibles derivadas de la herencia de su abuelo. ¿Qué le queda, entonces? Fiestas, viajes, lujos,… pero la alta sociedad neoyorquina empezará a hablar y a cuchichear sobre el nuevo rico; ¡se ha vuelto loco de remate! Y lo peor, dentro de nada se quedará tirado en la calle.
jueves, 26 de enero de 2017
lunes, 19 de diciembre de 2016
El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín Fenollera
Reseña de Patricia López Garrido.
Fue la tarea del mes de diciembre del Club de Lectura Parla Este la que me condujo hasta El despertar de la señorita Prim, de Natalia Samartín Fenollera. Lo cierto es que me costó empezar pero los buenos comentarios que iban dejando mis compañeras en el grupo de Whatsapp que compartimos, me animaron: iba a encontrar “algo” en las páginas de ese libro. Y la verdad es que así fue.
Prudencia Prim es una mujer “hipertitulada”, segura de sí misma, independiente y autosuficiente. Un día responde a un anuncio de trabajo que dice lo siguiente: “Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas”.
A pesar de que en el anuncio de empleo se pide a alguien con poca formación y experiencia, la señorita Prim se presenta al puesto y lo consigue. La biblioteca en la que ha de trabajar está situada en una casa particular en un pueblo llamado San Ireneo, que es el protagonista absoluto de esta novela.
San Ireneo es una comunidad compuesta de personas que han llegado allí huyendo de la sociedad que rige el ritmo del mundo. Es gente que huye de los horarios, de los convencionalismos sociales, de la hipertitulación sin razones. Ellos abogan más por la conciliación, el tiempo, la educación de los niños en la familia… El papel de las mujeres tiene un peso primordial, como también la reflexión sobre el matrimonio.
En este ambiente de pueblo pequeño, idílico y utópico, Prudencia Prim empieza a descubrir facetas de la vida en las que antes no se había parado a pensar o simplemente rechazaba. Pero, cuando conoce a Hortensia Oeillet, a Herminia Treumont, a Virginia Pille o a Horacio Delàs, por nombrar algunos, la señorita Prim reflexiona sobre ese nuevo estilo de vida al que ha llegado por casualidad y con el que, sorprendentemente, comienza a compartir algunas cosas.
Lo cierto es que empecé a disfrutar del libro un poco antes de la mitad. Cuando conoces el pueblo, casi que te dan ganas de irte a vivir allí: sus jornadas reducidas, esa manera de educar a los niños, todo el día con el café, el té y los dulces… Sin embargo, en el libro hay mucha reflexión que no llega a ninguna parte, muchos diálogos crípticos y es algo enrevesado. A mi modo de ver, no es necesario dar tantas vueltas a las cosas, aunque parece ser que tanto en esta sociedad en la que vivimos como en San Ireneo, dar vueltas a las cosas importantes es una constante.
La novela tiene algunos toques de realismo mágico e incluso se me vinieron a la mente otros libros que había leído anteriormente como Belfondo, de Jenn Díaz y El regalo, de Eloy Moreno. Tiene pasajes muy bonitos, reflexiones estupendas y propuestas mucho mejores que la de acabar la jornada a las 6 de la tarde. Aun así, a pesar de que mi primera impresión al terminar es que había encontrado un libro muy interesante, esta sensación se ha ido deshinchando con los días. Demasiadas vueltas, demasiada utopía para hablar de lo mismo que nos preocupa a todos, aquí o en San Ireneo, y un final que deja todo un poco en el aire.
Fue la tarea del mes de diciembre del Club de Lectura Parla Este la que me condujo hasta El despertar de la señorita Prim, de Natalia Samartín Fenollera. Lo cierto es que me costó empezar pero los buenos comentarios que iban dejando mis compañeras en el grupo de Whatsapp que compartimos, me animaron: iba a encontrar “algo” en las páginas de ese libro. Y la verdad es que así fue.
Prudencia Prim es una mujer “hipertitulada”, segura de sí misma, independiente y autosuficiente. Un día responde a un anuncio de trabajo que dice lo siguiente: “Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas”.
A pesar de que en el anuncio de empleo se pide a alguien con poca formación y experiencia, la señorita Prim se presenta al puesto y lo consigue. La biblioteca en la que ha de trabajar está situada en una casa particular en un pueblo llamado San Ireneo, que es el protagonista absoluto de esta novela.
San Ireneo es una comunidad compuesta de personas que han llegado allí huyendo de la sociedad que rige el ritmo del mundo. Es gente que huye de los horarios, de los convencionalismos sociales, de la hipertitulación sin razones. Ellos abogan más por la conciliación, el tiempo, la educación de los niños en la familia… El papel de las mujeres tiene un peso primordial, como también la reflexión sobre el matrimonio.
En este ambiente de pueblo pequeño, idílico y utópico, Prudencia Prim empieza a descubrir facetas de la vida en las que antes no se había parado a pensar o simplemente rechazaba. Pero, cuando conoce a Hortensia Oeillet, a Herminia Treumont, a Virginia Pille o a Horacio Delàs, por nombrar algunos, la señorita Prim reflexiona sobre ese nuevo estilo de vida al que ha llegado por casualidad y con el que, sorprendentemente, comienza a compartir algunas cosas.
Lo cierto es que empecé a disfrutar del libro un poco antes de la mitad. Cuando conoces el pueblo, casi que te dan ganas de irte a vivir allí: sus jornadas reducidas, esa manera de educar a los niños, todo el día con el café, el té y los dulces… Sin embargo, en el libro hay mucha reflexión que no llega a ninguna parte, muchos diálogos crípticos y es algo enrevesado. A mi modo de ver, no es necesario dar tantas vueltas a las cosas, aunque parece ser que tanto en esta sociedad en la que vivimos como en San Ireneo, dar vueltas a las cosas importantes es una constante.
La novela tiene algunos toques de realismo mágico e incluso se me vinieron a la mente otros libros que había leído anteriormente como Belfondo, de Jenn Díaz y El regalo, de Eloy Moreno. Tiene pasajes muy bonitos, reflexiones estupendas y propuestas mucho mejores que la de acabar la jornada a las 6 de la tarde. Aun así, a pesar de que mi primera impresión al terminar es que había encontrado un libro muy interesante, esta sensación se ha ido deshinchando con los días. Demasiadas vueltas, demasiada utopía para hablar de lo mismo que nos preocupa a todos, aquí o en San Ireneo, y un final que deja todo un poco en el aire.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland
Reseña de Patricia López Garrido.
El pasado mes de octubre, en la última reunión del Club de Lectura Parla Este, escogimos dos libros para la siguiente quedada: La librería ambulante, de Christopher Morley, novela directa a mi top ten 2016 de la que os hablé hace unos días, y Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland, de la que os vengo a hablar hoy.
Os puedo resumir mi opinión en cuatro palabras: dos elecciones, dos aciertos. Cada una en su estilo, eso sí. La librería ambulante me conquistó por lo que ya os comenté del libro sobre libros y la venta nómada mientras que con Todas las familias son psicóticas me he enamorado de los personajes y de la historia llevada al extremo que cuenta. Si pensáis que vuestra familia es peculiar (y más ahora que se acerca la Navidad), tenéis razón, pero, tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor.
Sarah Drummond es la mediana de los tres hijos de Janet y Ted Drummond. Padece secuelas por talidomida, un medicamento para las náuseas que le recetaron a su madre cuando estaba embarazada y que provocó que naciese sin una mano. El caso es que Sarah trabaja para la NASA y va a participar en un lanzamiento al espacio y, para la ocasión, ha querido reunir a toda su familia para que la acompañe.
La familia está compuesta por Ted y Janet, sus padres, divorciados desde hace unos años; Wade, el hermano mayor, junto a su mujer embarazada, Beth; Bryan, el hermano pequeño, y su novia también embarazada Shw; Nickie, la actual esposa de Ted, Nickie; y Howie, el marido de Sarah.
Hasta ahí, todo normal. Una familia corriente dentro de la sociedad occidental actual… hasta que empezamos a profundizar en las entrañas de todo el entramado y descubrimos que Wade está enfermo de sida después de unos años de los que casi no quiere hablar; él mismo infectó a Janet y Nickie de esta manera: de vuelta a casa en un bar conoció a una rubia despampanante y se lio con ella. Después, fue a visitar a su padre, con el que tiene una relación horrorosa y, cuando este le va a presentar a su nueva mujer, Wade se da cuenta de que ¡es la misma rubia despampanante con la que se acaba de acostar!
A pesar de que sale por patas de la casa de su padre, este le persigue hasta la casa de Janet, donde Wade se ha refugiado. Ted dispara contra Wade y la bala que le roza acaba en el esternón de su madre, quien sobrevive al episodio pero se contagia de sida, al igual que Nickie después de su rollo con Wade. Y, por si os lo preguntáis, nadie denuncia a Ted.
Esto pasa tiempo antes de que todos se den cita en Orlando para apoyar a Sarah en su misión, aunque lo que pasa en el tiempo en que están aquí concentrados también supera con creces el surrealismo más absoluto. Primero, Wade, Ted y Bryan, en la bancarrota más absoluta, aprovechan que están en Orlando para hacer unos negocios un tanto irregulares con un antiguo amigo de Wade. A la vez, se desenmaraña una trama de presuntos traficantes de bebés en la que juegan un papel importante otros integrantes de la familia.
Entre todo este lío, los Drummond van limando asperezas y resolviendo situaciones enquistadas, eso sí, algunos con más atino que otros. Por ejemplo, una de las escenas magistrales del libro (por cierto que los diálogos en este libro son increíbles) se produce entre Janet y Ted. Con tan solo una conversación y tras haber reposado con tiempo lo que ha pasado a lo largo de sus vidas, son capaces de hablar de una manera lúcida (especialmente Janet) acerca de su relación. Me parece simplemente espléndido.
Todas las familias son psicóticas me ha recordado por unas cosas a La familia Fang, de Kevin Wilson y por otras a La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Tiene una parte de familia excéntrica llevada al extremo y otra de situaciones surrealistas que llegan a generar un sentimiento de compasión por cómo han gestionado esas personas su vida.
Capítulo aparte merece la madre, Janet, el centro de la familia y pilar fundamental, una mujer que cree que su vida no ha sido para tanto pero que demuestra con sus acciones continuamente la gran mujer que fue y que es. Es mi personaje favorito, sin duda alguna, y me recuerda a otro personaje con el que me emocioné sobre manera, Amalia, la protagonista de la novela de Alejandro Palomas, Una madre.
El pasado mes de octubre, en la última reunión del Club de Lectura Parla Este, escogimos dos libros para la siguiente quedada: La librería ambulante, de Christopher Morley, novela directa a mi top ten 2016 de la que os hablé hace unos días, y Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland, de la que os vengo a hablar hoy.
Os puedo resumir mi opinión en cuatro palabras: dos elecciones, dos aciertos. Cada una en su estilo, eso sí. La librería ambulante me conquistó por lo que ya os comenté del libro sobre libros y la venta nómada mientras que con Todas las familias son psicóticas me he enamorado de los personajes y de la historia llevada al extremo que cuenta. Si pensáis que vuestra familia es peculiar (y más ahora que se acerca la Navidad), tenéis razón, pero, tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor.
Sarah Drummond es la mediana de los tres hijos de Janet y Ted Drummond. Padece secuelas por talidomida, un medicamento para las náuseas que le recetaron a su madre cuando estaba embarazada y que provocó que naciese sin una mano. El caso es que Sarah trabaja para la NASA y va a participar en un lanzamiento al espacio y, para la ocasión, ha querido reunir a toda su familia para que la acompañe.
La familia está compuesta por Ted y Janet, sus padres, divorciados desde hace unos años; Wade, el hermano mayor, junto a su mujer embarazada, Beth; Bryan, el hermano pequeño, y su novia también embarazada Shw; Nickie, la actual esposa de Ted, Nickie; y Howie, el marido de Sarah.
Hasta ahí, todo normal. Una familia corriente dentro de la sociedad occidental actual… hasta que empezamos a profundizar en las entrañas de todo el entramado y descubrimos que Wade está enfermo de sida después de unos años de los que casi no quiere hablar; él mismo infectó a Janet y Nickie de esta manera: de vuelta a casa en un bar conoció a una rubia despampanante y se lio con ella. Después, fue a visitar a su padre, con el que tiene una relación horrorosa y, cuando este le va a presentar a su nueva mujer, Wade se da cuenta de que ¡es la misma rubia despampanante con la que se acaba de acostar!
A pesar de que sale por patas de la casa de su padre, este le persigue hasta la casa de Janet, donde Wade se ha refugiado. Ted dispara contra Wade y la bala que le roza acaba en el esternón de su madre, quien sobrevive al episodio pero se contagia de sida, al igual que Nickie después de su rollo con Wade. Y, por si os lo preguntáis, nadie denuncia a Ted.
Esto pasa tiempo antes de que todos se den cita en Orlando para apoyar a Sarah en su misión, aunque lo que pasa en el tiempo en que están aquí concentrados también supera con creces el surrealismo más absoluto. Primero, Wade, Ted y Bryan, en la bancarrota más absoluta, aprovechan que están en Orlando para hacer unos negocios un tanto irregulares con un antiguo amigo de Wade. A la vez, se desenmaraña una trama de presuntos traficantes de bebés en la que juegan un papel importante otros integrantes de la familia.
Entre todo este lío, los Drummond van limando asperezas y resolviendo situaciones enquistadas, eso sí, algunos con más atino que otros. Por ejemplo, una de las escenas magistrales del libro (por cierto que los diálogos en este libro son increíbles) se produce entre Janet y Ted. Con tan solo una conversación y tras haber reposado con tiempo lo que ha pasado a lo largo de sus vidas, son capaces de hablar de una manera lúcida (especialmente Janet) acerca de su relación. Me parece simplemente espléndido.
Todas las familias son psicóticas me ha recordado por unas cosas a La familia Fang, de Kevin Wilson y por otras a La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Tiene una parte de familia excéntrica llevada al extremo y otra de situaciones surrealistas que llegan a generar un sentimiento de compasión por cómo han gestionado esas personas su vida.
Capítulo aparte merece la madre, Janet, el centro de la familia y pilar fundamental, una mujer que cree que su vida no ha sido para tanto pero que demuestra con sus acciones continuamente la gran mujer que fue y que es. Es mi personaje favorito, sin duda alguna, y me recuerda a otro personaje con el que me emocioné sobre manera, Amalia, la protagonista de la novela de Alejandro Palomas, Una madre.
domingo, 27 de noviembre de 2016
La librería ambulante, de Christopher Morley
Reseña de Patricia López Garrido.
Para los amantes de la literatura, los libros de libros y de librerías casi siempre suelen ser una delicia. Desde luego, La librería ambulante, de Christopher Morley, lo es y, si a eso le sumamos el encanto que desprende vender libros por el mundo como un alma libre, pues multiplícalo por dos.
Helen McGill es una mujer de cerca de cuarenta años que se libró de su destino de institutriz gracias a que ella y su hermano, Andrew, pusieron en marcha una granja ubicada en una zona rural del estado de Nueva York. La estabilidad de Helen se tambalea cuando Andrew escribe un libro que, para su sorpresa, se convierte en todo un éxito. A partir de entonces es Helen quien tiene que lidiar con los quehaceres diarios prácticamente sola y soportar que su hermano se ausente durante largos periodos de tiempo para recopilar datos y hacer trabajo de campo para sus libros.
Por eso, el día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja con la intención de venderle a Andrew El Parnaso, una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola y se embarque en una de sus nuevas aventuras.
Sin embargo, tras realizar el trato, Helen le da vueltas a un asunto: además de haber comprado El Parnaso para que Andrew no se marche, es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano.
Y así es como emprende su propia aventura, guiada en los primeros momentos por la experiencia del profesor Mifflin, que lleva años dirigiendo El Parnaso. Helen y Roger comparten unos cuantos días de travesía llevando libros a las granjas de la América más rural. Él pone en práctica todas sus técnicas, su entusiasmo y su sabiduría y ella, como nueva propietaria, se deja contagiar y aprende para poder continuar sola su periplo.
Tras varios incidentes, ventas, sitios y encuentros con gente que ama los libros y otros que algo menos, el profesor se debe marchar para coger un tren rumbo a Brooklyn y trabajar en su sueño, escribir un libro propio. Pero entonces, algo inesperado (o tal vez no) surge en su camino.
En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo lo voy a elevar al top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia de las que me gustan en las que hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?
Para los amantes de la literatura, los libros de libros y de librerías casi siempre suelen ser una delicia. Desde luego, La librería ambulante, de Christopher Morley, lo es y, si a eso le sumamos el encanto que desprende vender libros por el mundo como un alma libre, pues multiplícalo por dos.
Helen McGill es una mujer de cerca de cuarenta años que se libró de su destino de institutriz gracias a que ella y su hermano, Andrew, pusieron en marcha una granja ubicada en una zona rural del estado de Nueva York. La estabilidad de Helen se tambalea cuando Andrew escribe un libro que, para su sorpresa, se convierte en todo un éxito. A partir de entonces es Helen quien tiene que lidiar con los quehaceres diarios prácticamente sola y soportar que su hermano se ausente durante largos periodos de tiempo para recopilar datos y hacer trabajo de campo para sus libros.
Por eso, el día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja con la intención de venderle a Andrew El Parnaso, una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola y se embarque en una de sus nuevas aventuras.
Sin embargo, tras realizar el trato, Helen le da vueltas a un asunto: además de haber comprado El Parnaso para que Andrew no se marche, es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano.
Y así es como emprende su propia aventura, guiada en los primeros momentos por la experiencia del profesor Mifflin, que lleva años dirigiendo El Parnaso. Helen y Roger comparten unos cuantos días de travesía llevando libros a las granjas de la América más rural. Él pone en práctica todas sus técnicas, su entusiasmo y su sabiduría y ella, como nueva propietaria, se deja contagiar y aprende para poder continuar sola su periplo.
Tras varios incidentes, ventas, sitios y encuentros con gente que ama los libros y otros que algo menos, el profesor se debe marchar para coger un tren rumbo a Brooklyn y trabajar en su sueño, escribir un libro propio. Pero entonces, algo inesperado (o tal vez no) surge en su camino.
En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo lo voy a elevar al top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia de las que me gustan en las que hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?
lunes, 5 de septiembre de 2016
Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness
Reseña de Patricia López Garrido.
El sábado 3 de septiembre comenzamos nueva temporada en el Club de Lectura de Parla Este, y ya van tres. Me hacía falta encarrilar mis lecturas tras un verano de cierta sequía y cambiar de temática. Y fue así como se me presentó el libro que reseño hoy.
A pesar de que no estaría entre mis favoritos principalmente por el género (juvenil, fantasía), Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness, me ha parecido un cuento fluido, entretenido y con una historia reveladora: “Las historias son lo más salvaje de todo […] Las historias persiguen y muerden y cazan”.
Conor es un chico de 13 años que, desde que su madre cayó enferma, tiene una pesadilla recurrente de la que huye. Pero el tejo que ve desde su ventana reencarnado en monstruo empieza a aparecérsele un buen día a las 00:07 y le previene: Conor, yo te voy a contar tres historias y, cuando acabe, tú me contarás la tuya, la verdad.
Conor no cree tener nada interesante que contar. Desde que su madre está enferma no tiene contacto con casi nadie, los chicos del colegio se meten con él, los profesores lo compadecen, su padre ha rehecho su vida con una nueva familia y su abuela no es la típica afable de los cuentos.
Pero el monstruo insiste. Progresivamente, se le va apareciendo y contando historias que parecen tener un final y después tienen otro, o los dos a la vez. “Las historias eran criaturas salvajes, muy salvajes, y salían disparadas en la dirección que menos esperabas”.
Y, llegada la hora de la verdad, Conor se ve en la tesitura de pronunciar unas palabras que nunca en la vida hubiera querido pronunciar, pero que ha pensado, y que tienen que ver con la pesadilla recurrente que le atormenta. “¿Cómo pueden ser las dos cosas a la vez? […] Porque los humanos son animales complicados”.
Además de la trama de Conor con el monstruo, hay tramas paralelas en el colegio, con su abuela y con su padre que tendrán un hilo común. No merece la pena desvelar nada más en la reseña, aunque parezca un jeroglífico, porque todo se resuelve en las últimas páginas del libro. Lo que sí me parece interesante es que en todo momento te pongas en el lugar de Conor e intentes pensar, según avanza el libro, en la verdad que le puede llegar a atormentar de esa manera.
El libro está escrito de una forma sencilla y narrado como un cuento. Mezcla realidad y ficción y queda en manos del lector, a través de las pistas que ofrece el narrador, la interpretación. Es bastante corto y se lee rápido. Puede ser un buen libro para cerrar una etapa y abrir otra distinta, como me ha pasado a mí. Espero que disfrutéis de él como lo he hecho yo después de una temporada en la que me costaba horrores concentrarme en la lectura.
El sábado 3 de septiembre comenzamos nueva temporada en el Club de Lectura de Parla Este, y ya van tres. Me hacía falta encarrilar mis lecturas tras un verano de cierta sequía y cambiar de temática. Y fue así como se me presentó el libro que reseño hoy.
A pesar de que no estaría entre mis favoritos principalmente por el género (juvenil, fantasía), Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness, me ha parecido un cuento fluido, entretenido y con una historia reveladora: “Las historias son lo más salvaje de todo […] Las historias persiguen y muerden y cazan”.
Conor es un chico de 13 años que, desde que su madre cayó enferma, tiene una pesadilla recurrente de la que huye. Pero el tejo que ve desde su ventana reencarnado en monstruo empieza a aparecérsele un buen día a las 00:07 y le previene: Conor, yo te voy a contar tres historias y, cuando acabe, tú me contarás la tuya, la verdad.
Conor no cree tener nada interesante que contar. Desde que su madre está enferma no tiene contacto con casi nadie, los chicos del colegio se meten con él, los profesores lo compadecen, su padre ha rehecho su vida con una nueva familia y su abuela no es la típica afable de los cuentos.
Pero el monstruo insiste. Progresivamente, se le va apareciendo y contando historias que parecen tener un final y después tienen otro, o los dos a la vez. “Las historias eran criaturas salvajes, muy salvajes, y salían disparadas en la dirección que menos esperabas”.
Y, llegada la hora de la verdad, Conor se ve en la tesitura de pronunciar unas palabras que nunca en la vida hubiera querido pronunciar, pero que ha pensado, y que tienen que ver con la pesadilla recurrente que le atormenta. “¿Cómo pueden ser las dos cosas a la vez? […] Porque los humanos son animales complicados”.
Además de la trama de Conor con el monstruo, hay tramas paralelas en el colegio, con su abuela y con su padre que tendrán un hilo común. No merece la pena desvelar nada más en la reseña, aunque parezca un jeroglífico, porque todo se resuelve en las últimas páginas del libro. Lo que sí me parece interesante es que en todo momento te pongas en el lugar de Conor e intentes pensar, según avanza el libro, en la verdad que le puede llegar a atormentar de esa manera.
El libro está escrito de una forma sencilla y narrado como un cuento. Mezcla realidad y ficción y queda en manos del lector, a través de las pistas que ofrece el narrador, la interpretación. Es bastante corto y se lee rápido. Puede ser un buen libro para cerrar una etapa y abrir otra distinta, como me ha pasado a mí. Espero que disfrutéis de él como lo he hecho yo después de una temporada en la que me costaba horrores concentrarme en la lectura.
viernes, 19 de agosto de 2016
Claus y Lucas, Agota Kristoff
Reseña escrita por Johan R. Wilbur.
A lo mejor es cierto, tengo debilidad por los libros tristes o chocantes. Quizás sea por eso que, El gran cuaderno, la primera novela que leí de Agota Kristof, me pareció sencillamente magistral. Al principio pensé que era porque la tristeza que me provocó no la había experimentado desde que leí La carretera, de Cormac McCarthy, pero también sabía que había algo más en la historia de los gemelos.
Indagué y releí una mil veces algunas partes y llegué a una conclusión. Kristof era una maestra en una cosa, en pegarte de hostias a base de no rellenar innecesariamente. Cada capítulo no tiene más extensión que unas cuantas páginas. La manera de narrar es directa y sin florituras literarias superfluas. La crueldad existe. El realismo existe. Los diálogos existen. La violencia… Todo está ahí, a base de frases lapidarias y situaciones que, a priori, pueden resultar demasiado chocantes, pero que en el contexto están implementadas tan “a tiempo”, nada resalta demasiado e, igualmente, te dejan como si te arrollara un tren.
Veamos cómo enfoco esta reseña sin repetirme.
La historia completa de Claus y Lucas la forman tres novelas:
El primero de ellos es el que nos ocupa. En El gran cuaderno, nos encontramos el diario que día a día van escribiendo Claus y Lucas, una pareja de gemelos a los que su madre quiere librar de los horrores de la guerra a la que está sometida la ciudad, llevándolos a casa de su abuela, que vive en las afueras sola, y que estén a salvo. Al llegar conocemos a la abuela, una señora avara, déspota y desagradable como ella sola, la cual no quiere saber nada de ellos y que solo accede a quedarse con los niños por un pago y con la promesa de que le ayuden a trabajar. Poco a poco los niños se irán recrudeciendo, en parte debido al exterior y en parte porque, en fin, realmente solo se tienen el uno al otro y eso de la soledad unido a vivir con su alrededor en guerra pues no les hace mucho bien que digamos.
Esto sería a grandes rasgos el argumento.
Podría hablar de la enorme diferencia entre la primera parte y las dos restantes que componen la trilogía, pero sería meterme a contar demasiado ya. Así que intentaré no extenderme y solo diré que me provocó (y a día de hoy todavía me provoca) dudas.
Dudas porque no sé si pensar si el tiempo transcurrido entre una parte y otra tuvo que ver en las decisiones y las transformaciones radicales que va sufriendo la historia de los dos gemelos desde el principio al final, o si por el contrario ya desde el principio tenía pensado cada giro y pasaje de los que vamos viviendo con los personajes.
Sobre todo dudo porque el primero como historia autoconclusiva y el formato me parece muy bien hilado y cerrado, pero al empezar el segundo enseguida ves un cambio de tono y dudas y un par de cosas que parece que vayan a quedarse sin resolver. Y luego ya la tercera parte es aún más confusa y ya como no releas un par de veces es fácil caer en la confusión o el confundir unos personajes con otros.
Cabe añadir que esta última parte, pese a desenvolverse de forma bastante notable hay veces que te dan ganas de hacerte un esquema con fotos o algo así para aclararte con los detalles más nimios y me acabó corroyendo el no entender si esa fue la intención o si es que simplemente cometió errores. Pero bueno, a nivel personal me dejó una sensación muy confusamente satisfactoria (toma ya) al terminar.
En resumen, El gran cuaderno me parece una novela increíble. Con giros de guión y situaciones incómodas a montones. Con un estilo escueto y parco en detalles, pero que no necesita adorno alguno. Con unos protagonistas que van cambiando de principio a fin y un final al que llegas con tantos palos en la espalda a cuestas que acaba resultando tan devastador como la misma guerra en la que se ambienta toda la historia. Imprescindible, siempre y cuando como lector aguantemos los momentos más duros de la misma.
A destacar: Leer la trilogía entera y no quedarte solo con la primera parte. Es una historia dura, sin concesiones ni esperanzas ni respiro alguno. Un acumular de desazón y de desamparo. Una crueldad realista y llena de situaciones de las que no quieres dejar de leer pese a que a veces te den ganas de apartar la mirada.
A lo mejor es cierto, tengo debilidad por los libros tristes o chocantes. Quizás sea por eso que, El gran cuaderno, la primera novela que leí de Agota Kristof, me pareció sencillamente magistral. Al principio pensé que era porque la tristeza que me provocó no la había experimentado desde que leí La carretera, de Cormac McCarthy, pero también sabía que había algo más en la historia de los gemelos.
Indagué y releí una mil veces algunas partes y llegué a una conclusión. Kristof era una maestra en una cosa, en pegarte de hostias a base de no rellenar innecesariamente. Cada capítulo no tiene más extensión que unas cuantas páginas. La manera de narrar es directa y sin florituras literarias superfluas. La crueldad existe. El realismo existe. Los diálogos existen. La violencia… Todo está ahí, a base de frases lapidarias y situaciones que, a priori, pueden resultar demasiado chocantes, pero que en el contexto están implementadas tan “a tiempo”, nada resalta demasiado e, igualmente, te dejan como si te arrollara un tren.
Veamos cómo enfoco esta reseña sin repetirme.
La historia completa de Claus y Lucas la forman tres novelas:
- El gran cuaderno
- La prueba
- La tercera mentira
El primero de ellos es el que nos ocupa. En El gran cuaderno, nos encontramos el diario que día a día van escribiendo Claus y Lucas, una pareja de gemelos a los que su madre quiere librar de los horrores de la guerra a la que está sometida la ciudad, llevándolos a casa de su abuela, que vive en las afueras sola, y que estén a salvo. Al llegar conocemos a la abuela, una señora avara, déspota y desagradable como ella sola, la cual no quiere saber nada de ellos y que solo accede a quedarse con los niños por un pago y con la promesa de que le ayuden a trabajar. Poco a poco los niños se irán recrudeciendo, en parte debido al exterior y en parte porque, en fin, realmente solo se tienen el uno al otro y eso de la soledad unido a vivir con su alrededor en guerra pues no les hace mucho bien que digamos.
Esto sería a grandes rasgos el argumento.
Podría hablar de la enorme diferencia entre la primera parte y las dos restantes que componen la trilogía, pero sería meterme a contar demasiado ya. Así que intentaré no extenderme y solo diré que me provocó (y a día de hoy todavía me provoca) dudas.
Dudas porque no sé si pensar si el tiempo transcurrido entre una parte y otra tuvo que ver en las decisiones y las transformaciones radicales que va sufriendo la historia de los dos gemelos desde el principio al final, o si por el contrario ya desde el principio tenía pensado cada giro y pasaje de los que vamos viviendo con los personajes.
Sobre todo dudo porque el primero como historia autoconclusiva y el formato me parece muy bien hilado y cerrado, pero al empezar el segundo enseguida ves un cambio de tono y dudas y un par de cosas que parece que vayan a quedarse sin resolver. Y luego ya la tercera parte es aún más confusa y ya como no releas un par de veces es fácil caer en la confusión o el confundir unos personajes con otros.
Cabe añadir que esta última parte, pese a desenvolverse de forma bastante notable hay veces que te dan ganas de hacerte un esquema con fotos o algo así para aclararte con los detalles más nimios y me acabó corroyendo el no entender si esa fue la intención o si es que simplemente cometió errores. Pero bueno, a nivel personal me dejó una sensación muy confusamente satisfactoria (toma ya) al terminar.
En resumen, El gran cuaderno me parece una novela increíble. Con giros de guión y situaciones incómodas a montones. Con un estilo escueto y parco en detalles, pero que no necesita adorno alguno. Con unos protagonistas que van cambiando de principio a fin y un final al que llegas con tantos palos en la espalda a cuestas que acaba resultando tan devastador como la misma guerra en la que se ambienta toda la historia. Imprescindible, siempre y cuando como lector aguantemos los momentos más duros de la misma.
A destacar: Leer la trilogía entera y no quedarte solo con la primera parte. Es una historia dura, sin concesiones ni esperanzas ni respiro alguno. Un acumular de desazón y de desamparo. Una crueldad realista y llena de situaciones de las que no quieres dejar de leer pese a que a veces te den ganas de apartar la mirada.
Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa
Reseña escrita por Patricia López Garrido.
Tan pronto, y ya he encontrado uno de los que, sin duda, serán mis libros favoritos de 2016. Lo supe enseguida por dos cosas. Primero, porque he leído mucho acerca de la Guerra Civil y también de la Posguerra, pero muy poco de los años previos, los que corresponden a la Segunda República Española. Segundo, porque aunque soy periodista, mi vocación frustrada es la de maestra y muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa, son los míos propios.
Gabriela es una muchacha de un pueblo de Castilla que ha estudiado para maestra en la Escuela Normal. Con la ilusión propia de los jóvenes, la fuerza, las ganas y una fe enorme en la educación, inicia su vida laboral en diversos pueblos rurales de España en los que encuentra pobreza, marginación y pocos recursos, pero niños y adultos en su mayor parte dispuestos a aceptarla y a aprender.
Uno de los episodios más bonitos del libro sucede una vez Gabriela ha aprobado las oposiciones y puede elegir libremente una plaza para ejercer su profesión. “Los niños eran todos negros. La mía era la escuela nacional y gratuita y sólo los negros la frecuentaban. Todos dijeron que estaba loca cuando la elegí. Yo tenía 24 años y afán de aventuras”. Efectivamente, en esta época, Guinea Ecuatorial era una colonia española y es a este lugar a donde Gabriela decide marcharse y donde vive esa experiencia que recuerda luego a lo largo de toda su vida (me he acordado un poco de Palmeras en la nieve, de Luz Gabás :)
Pero esta época termina y Gabriela regresa a España. Corren los primeros años de la década de los 30 y, como se espera de ella, se casa con un maestro. Juntos emprenderán una nueva etapa en la que serán los encargados de llevar los colegios de dos pueblos muy próximos. “Ya saben hablar, me decía. Han aprendido a expresar lo que piensan”.
Para entonces, los movimientos republicanos, muy apoyados en la educación, comienzan a revolotear hasta que se proclama la Segunda República el 14 de abril de 1931, justo cuando nace la hija de Gabriela y Ezequiel, Juana. “Lo primero la educación, don Ezequiel, la educación y la cultura para ser capaces de sacar el país adelante”.
A partir de aquí, y asentados en un nuevo pueblo, minero, el matrimonio se erige como parte importante de los cabecillas que defienden los valores de la República. “Digo yo, señora maestra, que si todos supiéramos más de libros y menos de tabernas, nos engañarían menos y seríamos más felices”. Pero Gabriela, absorbida en gran parte por la maternidad y su trabajo en la escuela, va descolgándose de los vaivenes de su marido.
Historia de una maestra es un libro de esos que dejan huella profunda. Por lo menos a mí, que tengo tanta fe en la educación como elemento para resolver los problemas sociales que más nos acechan. Pero, además, es capaz de contagiarte el entusiasmo de todos aquellos que lucharon por conquistar un sueño, pero no un sueño particular, sino uno colectivo, y tampoco un sueño material, como los que solemos tener hoy en día, sino uno en el que el conocimiento es la llave del progreso.
Desde luego, me quedo con todas esas frases que he ido intercalando en la reseña porque son un síntoma de la importancia que tiene la educación para un país, a pesar de que aún no hemos resuelto el problema, incluso habiendo pasado nada menos que más de 80 años de aquellos tiempos.
Tan pronto, y ya he encontrado uno de los que, sin duda, serán mis libros favoritos de 2016. Lo supe enseguida por dos cosas. Primero, porque he leído mucho acerca de la Guerra Civil y también de la Posguerra, pero muy poco de los años previos, los que corresponden a la Segunda República Española. Segundo, porque aunque soy periodista, mi vocación frustrada es la de maestra y muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa, son los míos propios.
Gabriela es una muchacha de un pueblo de Castilla que ha estudiado para maestra en la Escuela Normal. Con la ilusión propia de los jóvenes, la fuerza, las ganas y una fe enorme en la educación, inicia su vida laboral en diversos pueblos rurales de España en los que encuentra pobreza, marginación y pocos recursos, pero niños y adultos en su mayor parte dispuestos a aceptarla y a aprender.
Uno de los episodios más bonitos del libro sucede una vez Gabriela ha aprobado las oposiciones y puede elegir libremente una plaza para ejercer su profesión. “Los niños eran todos negros. La mía era la escuela nacional y gratuita y sólo los negros la frecuentaban. Todos dijeron que estaba loca cuando la elegí. Yo tenía 24 años y afán de aventuras”. Efectivamente, en esta época, Guinea Ecuatorial era una colonia española y es a este lugar a donde Gabriela decide marcharse y donde vive esa experiencia que recuerda luego a lo largo de toda su vida (me he acordado un poco de Palmeras en la nieve, de Luz Gabás :)
Pero esta época termina y Gabriela regresa a España. Corren los primeros años de la década de los 30 y, como se espera de ella, se casa con un maestro. Juntos emprenderán una nueva etapa en la que serán los encargados de llevar los colegios de dos pueblos muy próximos. “Ya saben hablar, me decía. Han aprendido a expresar lo que piensan”.
Para entonces, los movimientos republicanos, muy apoyados en la educación, comienzan a revolotear hasta que se proclama la Segunda República el 14 de abril de 1931, justo cuando nace la hija de Gabriela y Ezequiel, Juana. “Lo primero la educación, don Ezequiel, la educación y la cultura para ser capaces de sacar el país adelante”.
A partir de aquí, y asentados en un nuevo pueblo, minero, el matrimonio se erige como parte importante de los cabecillas que defienden los valores de la República. “Digo yo, señora maestra, que si todos supiéramos más de libros y menos de tabernas, nos engañarían menos y seríamos más felices”. Pero Gabriela, absorbida en gran parte por la maternidad y su trabajo en la escuela, va descolgándose de los vaivenes de su marido.
Historia de una maestra es un libro de esos que dejan huella profunda. Por lo menos a mí, que tengo tanta fe en la educación como elemento para resolver los problemas sociales que más nos acechan. Pero, además, es capaz de contagiarte el entusiasmo de todos aquellos que lucharon por conquistar un sueño, pero no un sueño particular, sino uno colectivo, y tampoco un sueño material, como los que solemos tener hoy en día, sino uno en el que el conocimiento es la llave del progreso.
Desde luego, me quedo con todas esas frases que he ido intercalando en la reseña porque son un síntoma de la importancia que tiene la educación para un país, a pesar de que aún no hemos resuelto el problema, incluso habiendo pasado nada menos que más de 80 años de aquellos tiempos.
martes, 3 de mayo de 2016
Estupor y temblores, de Amélie Nothomb
Reseña de Patricia López Garrido.
Vuelvo para reseñar un libro que elegimos para la reunión de este mes del Club de Lectura. Se trata de Estupor y temblores, una novela de la que la misma autora, Amélie Nothomb, dijo que era autobiográfica, y que cuenta la historia de una joven occidental (belga, para más señas) que consigue un empleo en una importante compañía nipona en Tokio.
Lo que sigue después es un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa: “El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie”.
En realidad no sé muy bien en calidad de qué entra a trabajar Amélie a esta empresa pero su primera función es contestar a una carta de su jefe. Todos los esfuerzos en vano porque cada vez que Amélie le presenta un borrador su superior acaba destruyéndolo. Después reparte el correo, sirve el café, cambia los días de los calendarios de sus colegas y hace fotocopias,...
Solo un buen hombre de la empresa le da, a escondidas, la oportunidad que estaba esperando pero cuando sus superiores se enteran, en especial Fubuki (la señorita Mori) entre en cólera y comienza a atribuirle los peores trabajos de que es capaz, hasta que la relega a limpiar los baños de la oficina.
Aun con esas, Amélie no dimite (en Japón dimitir debe de constituir un agravio para ambas partes) e intenta sacar el lado bueno de lo que hace hasta cumplir el año de contrato firmado. Entre todas estas peripecias, la protagonista y autora hace una radiografía de la sociedad nipona, de la jerarquía y del papel de la mujer, incluso de los suicidios en este país.
En definitiva, un libro fácil de leer, cortito y con el que, quieras que no, se establecen ciertas semejanzas con los trabajos occidentales de hoy en día: superiores mediocres, trabajadoras cualificados, trabajos repetitivos, tareas humillantes,… Para reflexionar.
Vuelvo para reseñar un libro que elegimos para la reunión de este mes del Club de Lectura. Se trata de Estupor y temblores, una novela de la que la misma autora, Amélie Nothomb, dijo que era autobiográfica, y que cuenta la historia de una joven occidental (belga, para más señas) que consigue un empleo en una importante compañía nipona en Tokio.
Lo que sigue después es un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa: “El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie”.
En realidad no sé muy bien en calidad de qué entra a trabajar Amélie a esta empresa pero su primera función es contestar a una carta de su jefe. Todos los esfuerzos en vano porque cada vez que Amélie le presenta un borrador su superior acaba destruyéndolo. Después reparte el correo, sirve el café, cambia los días de los calendarios de sus colegas y hace fotocopias,...
Solo un buen hombre de la empresa le da, a escondidas, la oportunidad que estaba esperando pero cuando sus superiores se enteran, en especial Fubuki (la señorita Mori) entre en cólera y comienza a atribuirle los peores trabajos de que es capaz, hasta que la relega a limpiar los baños de la oficina.
Aun con esas, Amélie no dimite (en Japón dimitir debe de constituir un agravio para ambas partes) e intenta sacar el lado bueno de lo que hace hasta cumplir el año de contrato firmado. Entre todas estas peripecias, la protagonista y autora hace una radiografía de la sociedad nipona, de la jerarquía y del papel de la mujer, incluso de los suicidios en este país.
En definitiva, un libro fácil de leer, cortito y con el que, quieras que no, se establecen ciertas semejanzas con los trabajos occidentales de hoy en día: superiores mediocres, trabajadoras cualificados, trabajos repetitivos, tareas humillantes,… Para reflexionar.
Si decido quedarme, de Gayle Forman
Reseña de Patricia López Garrido.
Cotilleando en los resúmenes de lecturas de octubre de los blogs que sigo, llegué al nuevo libro de Gayle Forman, Yo estaba aquí. Después, investigando, llegué a su novela más exitosa hasta el momento, Si decido quedarme y, aunque ya sabéis qué opino de las novelas protagonizadas por adolescentes, quise saber cómo resolvía la autora el entuerto en el que metió a Mia (por cierto, que con este libro igualo el número que leí el año pasado. Y me quedan aun siete para el reto de 40 de este año).
Mia es una joven promesa del violonchelo que, por casualidad, queda en coma tras sufrir un accidente de coche con su familia (su madre, su padre y su hermano) en el que la única superviviente de los cuatro es ella.
Pero mantenerse en el mundo o morir es algo que ella debe decidir desde el estado en el que se encuentra. Para ello, recorre toda su vida recordando cómo fue su relación con sus padres, con su hermano, Teddy, con su novio, Adam, con su mejor amiga, Kim, con sus abuelos,… También revive anécdotas, rememora lugares y visualiza su futuro pero, sobre todo, relata su pasión por la música clásica, en especial, por el violonchelo.
A la vez, intercala retazos de lo que sucede en el hospital donde se encuentra ingresada en la UCI, lugar por el que pasan a visitarla y a pedirla que se quede con ellos las personas más importantes de su vida que todavía están. A pesar de su estado, ella puede oírlos y verlos, aunque no tocarlos, y sus testimonios, junto con los recuerdos, le darán la clave para decidir si se va con sus padres y con su hermano o se queda con los demás.
Como veis por el resumen, se trata de un libro duro por la temática que trata. Te hace reflexionar acerca de la instantaneidad, del segundo que todo lo cambia, de la tragedia,… pero también de la vida, de las razones que tiene cada uno para salir adelante, de la fortaleza emocional necesaria para proceder en una situación como esta… Es también una novela repleta de anécdotas, de esas que van conformando la vida poquito a poco, de las pequeñas cosas que dan sentido a los días.
La recomiendo porque, además de todo lo anterior, es fácil de leer, engancha y te hace mirar al horizonte varias veces, con la cabeza perdida… Y te obliga a pensar.
Cotilleando en los resúmenes de lecturas de octubre de los blogs que sigo, llegué al nuevo libro de Gayle Forman, Yo estaba aquí. Después, investigando, llegué a su novela más exitosa hasta el momento, Si decido quedarme y, aunque ya sabéis qué opino de las novelas protagonizadas por adolescentes, quise saber cómo resolvía la autora el entuerto en el que metió a Mia (por cierto, que con este libro igualo el número que leí el año pasado. Y me quedan aun siete para el reto de 40 de este año).
Mia es una joven promesa del violonchelo que, por casualidad, queda en coma tras sufrir un accidente de coche con su familia (su madre, su padre y su hermano) en el que la única superviviente de los cuatro es ella.
Pero mantenerse en el mundo o morir es algo que ella debe decidir desde el estado en el que se encuentra. Para ello, recorre toda su vida recordando cómo fue su relación con sus padres, con su hermano, Teddy, con su novio, Adam, con su mejor amiga, Kim, con sus abuelos,… También revive anécdotas, rememora lugares y visualiza su futuro pero, sobre todo, relata su pasión por la música clásica, en especial, por el violonchelo.
A la vez, intercala retazos de lo que sucede en el hospital donde se encuentra ingresada en la UCI, lugar por el que pasan a visitarla y a pedirla que se quede con ellos las personas más importantes de su vida que todavía están. A pesar de su estado, ella puede oírlos y verlos, aunque no tocarlos, y sus testimonios, junto con los recuerdos, le darán la clave para decidir si se va con sus padres y con su hermano o se queda con los demás.
Como veis por el resumen, se trata de un libro duro por la temática que trata. Te hace reflexionar acerca de la instantaneidad, del segundo que todo lo cambia, de la tragedia,… pero también de la vida, de las razones que tiene cada uno para salir adelante, de la fortaleza emocional necesaria para proceder en una situación como esta… Es también una novela repleta de anécdotas, de esas que van conformando la vida poquito a poco, de las pequeñas cosas que dan sentido a los días.
La recomiendo porque, además de todo lo anterior, es fácil de leer, engancha y te hace mirar al horizonte varias veces, con la cabeza perdida… Y te obliga a pensar.
martes, 19 de abril de 2016
Medusa, de Ricardo Menéndez Salmón
Reseña escrita por Patricia López Garrido.
El fin de semana pasado celebrábamos la Feria del Libro y la Cultura de Parla, un evento que cumple ya tres años y alrededor del que nos juntamos muchos de los amantes de los libros. En cada edición, el Club de Lectura de Parla Este ha tenido un huequito para reunirse en el marco de esta Feria, pero este año ha sido especial porque, al fin, hemos puesto cara a los integrantes del resto clubes de lectura.
Y lo hicimos alrededor de una obra que me ha parecido muy especial en muchos sentidos, ya que abre un debate en torno a una faceta que toca muy de cerca a los periodistas: ¿es moral ser testigo de sucesos atroces sin hacer nada? Ahora lo veremos.
El moderador del debate, el escritor parleño Carlos Lapeña, me pidió que abriera la sesión y lo quise hacer mostrando aquello que más me había marcado del libro que, paradójicamente, no tiene que ver con el tema central que os he dicho en el párrafo anterior. Medusa, de Ricardo Menéndez Salmón, me ha transmitido mucha belleza en la forma, es decir, es un libro exquisitamente escrito, es prosa que parece verso. Además, en muchas de las páginas encuentras perlas de reflexión de esas que te hacen bajar el libro, mirar a la nada al horizonte y quedarte un rato pensando.
Pero, en realidad, la temática de esta novela es devastadora. Prohaska es un artista alemán que trabaja para el Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. En el desempeño de su trabajo como fotógrafo, inmortaliza las escenas más duras y sombrías de la Alemania nazi; capta verdaderas atrocidades escondido detrás de su objetivo.
En el debate que mantuvimos los miembros de los clubes de lectura de Parla había sensaciones encontradas. Por un lado, muchos pensaban que Prohaska era tan culpable como los monstruos que cometían verdaderas barbaridades contra los judíos mientras que otros, por el recorrido del personaje, por la forma de ser que nos relata el autor, y por otra serie de características que se narran en la novela, pensábamos que Prohaska era una persona que fue testigo de esa situación pero que también pudo serlo en otra. De hecho, dice de sí mismo en un momento del relato: “Si Alemania hubiera sido comunista, yo hubiera sido su fotógrafo. Pero mi Alemania adulta fue fascista. Y yo, que no tengo ideología, estaba allí”.
Desde luego, el libro relata la culpa y las secuelas personales que este trabajo deja en Prohaska, que un día abandona su Alemania natal para no volver y viajar por el mundo retratando el horror y la barbarie alrededor del globo. ¿Es Prohaska un voyeaur del horror, un sádico, o un testigo de la Historia y un artista que deja su legado?
Desde luego esa pregunta la tiene que responder cada lector de manera personal. En mi opinión, Prohaska hace un trabajo sucio, duro; de hecho, él, al hacerlo, sufre mucho. Pero, ¿se puede culpabilizar a alguien que retrata lo que sucede y que no hace nada? ¿Realmente no está haciendo nada?
El debate que se puede generar en torno a este tema es muy amplio y controvertido, así que os animo a participar y a dejar vuestro comentario en este post. Pero no quiero terminar sin hacer alusión a dos de las frases que, como os decía, deja huella por lo bonito de la estética de esta novela.
“No existe en alemán una palabra para designar a los padres que han perdido a sus hijos […] Tampoco en español existe una palabra que designe al padre que ha perdido a su hijo, salvo lo que la Academia denomina un uso poético de la palabra huérfano. Es como si el lenguaje, ante el dolor más grande que existe en el mundo, no se atreviera a nombrarlo más que perífrasis o encubrimientos. No hay un vocablo exacto, unívoco, para designar una pena tan absoluta. El lenguaje es así de pudoroso”.
“Pero ella me enseñó esa verdad que a menudo nos obstinamos en ignorar: que a menudo son las personas que pasan, y no las que permanecen, las que juegan un papel decisivo en nuestras vidas. ¿Por qué? Precisamente porque la vida no las gastó, porque su memoria, para lo bueno y para lo malo, permanece a salvo del paso del tiempo, que todo lo ensucia”.
El fin de semana pasado celebrábamos la Feria del Libro y la Cultura de Parla, un evento que cumple ya tres años y alrededor del que nos juntamos muchos de los amantes de los libros. En cada edición, el Club de Lectura de Parla Este ha tenido un huequito para reunirse en el marco de esta Feria, pero este año ha sido especial porque, al fin, hemos puesto cara a los integrantes del resto clubes de lectura.
Y lo hicimos alrededor de una obra que me ha parecido muy especial en muchos sentidos, ya que abre un debate en torno a una faceta que toca muy de cerca a los periodistas: ¿es moral ser testigo de sucesos atroces sin hacer nada? Ahora lo veremos.
El moderador del debate, el escritor parleño Carlos Lapeña, me pidió que abriera la sesión y lo quise hacer mostrando aquello que más me había marcado del libro que, paradójicamente, no tiene que ver con el tema central que os he dicho en el párrafo anterior. Medusa, de Ricardo Menéndez Salmón, me ha transmitido mucha belleza en la forma, es decir, es un libro exquisitamente escrito, es prosa que parece verso. Además, en muchas de las páginas encuentras perlas de reflexión de esas que te hacen bajar el libro, mirar a la nada al horizonte y quedarte un rato pensando.
Pero, en realidad, la temática de esta novela es devastadora. Prohaska es un artista alemán que trabaja para el Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. En el desempeño de su trabajo como fotógrafo, inmortaliza las escenas más duras y sombrías de la Alemania nazi; capta verdaderas atrocidades escondido detrás de su objetivo.
En el debate que mantuvimos los miembros de los clubes de lectura de Parla había sensaciones encontradas. Por un lado, muchos pensaban que Prohaska era tan culpable como los monstruos que cometían verdaderas barbaridades contra los judíos mientras que otros, por el recorrido del personaje, por la forma de ser que nos relata el autor, y por otra serie de características que se narran en la novela, pensábamos que Prohaska era una persona que fue testigo de esa situación pero que también pudo serlo en otra. De hecho, dice de sí mismo en un momento del relato: “Si Alemania hubiera sido comunista, yo hubiera sido su fotógrafo. Pero mi Alemania adulta fue fascista. Y yo, que no tengo ideología, estaba allí”.
Desde luego, el libro relata la culpa y las secuelas personales que este trabajo deja en Prohaska, que un día abandona su Alemania natal para no volver y viajar por el mundo retratando el horror y la barbarie alrededor del globo. ¿Es Prohaska un voyeaur del horror, un sádico, o un testigo de la Historia y un artista que deja su legado?
Desde luego esa pregunta la tiene que responder cada lector de manera personal. En mi opinión, Prohaska hace un trabajo sucio, duro; de hecho, él, al hacerlo, sufre mucho. Pero, ¿se puede culpabilizar a alguien que retrata lo que sucede y que no hace nada? ¿Realmente no está haciendo nada?
El debate que se puede generar en torno a este tema es muy amplio y controvertido, así que os animo a participar y a dejar vuestro comentario en este post. Pero no quiero terminar sin hacer alusión a dos de las frases que, como os decía, deja huella por lo bonito de la estética de esta novela.
“No existe en alemán una palabra para designar a los padres que han perdido a sus hijos […] Tampoco en español existe una palabra que designe al padre que ha perdido a su hijo, salvo lo que la Academia denomina un uso poético de la palabra huérfano. Es como si el lenguaje, ante el dolor más grande que existe en el mundo, no se atreviera a nombrarlo más que perífrasis o encubrimientos. No hay un vocablo exacto, unívoco, para designar una pena tan absoluta. El lenguaje es así de pudoroso”.
“Pero ella me enseñó esa verdad que a menudo nos obstinamos en ignorar: que a menudo son las personas que pasan, y no las que permanecen, las que juegan un papel decisivo en nuestras vidas. ¿Por qué? Precisamente porque la vida no las gastó, porque su memoria, para lo bueno y para lo malo, permanece a salvo del paso del tiempo, que todo lo ensucia”.
martes, 15 de marzo de 2016
La casa de papel, de Carlos María Domínguez
Reseña de La casa de papel, de Carlos María Domínguez, por Patricia López Garrido.
Adoro los libros que tratan de libros, de lectores, de librerías, de bibliotecas,… y esa fue una de las razones por las que di mi voto a La casa de papel, de Carlos María Domínguez, en la última sesión del Club de Lectura de Parla Este.
Una profesora de literatura de Cambridge, Bluma Lennon, muere atropellada cuando cruzaba la calle leyendo un libro de Emily Dickinson. Un colega suyo, también profesor de literatura, encargado de sustituirla, recibe unos días después, en el que fuera el despacho de su compañera, un paquete procedente de Uruguay que contiene un ejemplar de La línea de la sombra, de Joseph Conrad. “Pero lo sorprendente era que la cubierta y la contratapa traían adherida una mugrienta costra. Los cantos de las páginas mostraban pequeñas partículas de cemento…”.
Este punto de partida es el que lleva al profesor a intentar averiguar de quién viene el libro de Conrad. Aprovechando un periodo de descanso y una visita a sus familiares a su tierra natal, Argentina, el profesor decide buscar en Uruguay las raíces de ese libro. Y, tirando del hilo descubre a un personaje llamado Carlos Brauer, un apasionado de los libros y de la lectura enloquecido.
Este libro es una oda a los libros, a los escritores y a las bibliotecas. Hay muchos guiños a la literatura universal y probablemente me habré perdido muchos por no saber interpretarlos. También es un tributo a los lectores y a esas pequeñas manías que tenemos cada uno de nosotros.
No es un libro del que haya disfrutado demasiado teniendo en cuenta la temática porque me parece algo abstracto y onírico, pero lo que más me ha gustado han sido, sin duda, algunas de sus reflexiones, como las siguientes:
“Insistía en que los libros afines merecían permanecer agrupados bajo otro orden que el de la vulgaridad temática”.
“Coincidió mi regreso a la actividad con la noticia de que Carlos, precisamente, iluminaba sus lecturas con cirios, ya no hacía más que alentar a los demás a imitarlos. Nunca con un autor del siglo veinte, que en ese caso encendía la luz eléctrica”.
“A lo largo de los años he visto libros destinados a equilibrar la para manca de una mesa; los conocí convertidos en mesa de luz, dispuestos en forma de torre con un paño encima; muchos diccionarios han planchado y prensado más objetos que las oportunidades en que fueron abiertos, y no pocos libros guardan, disimulados en los estantes, cartas, dinero, secretos. Las personas también cambian el destino de los libros”.
Adoro los libros que tratan de libros, de lectores, de librerías, de bibliotecas,… y esa fue una de las razones por las que di mi voto a La casa de papel, de Carlos María Domínguez, en la última sesión del Club de Lectura de Parla Este.Una profesora de literatura de Cambridge, Bluma Lennon, muere atropellada cuando cruzaba la calle leyendo un libro de Emily Dickinson. Un colega suyo, también profesor de literatura, encargado de sustituirla, recibe unos días después, en el que fuera el despacho de su compañera, un paquete procedente de Uruguay que contiene un ejemplar de La línea de la sombra, de Joseph Conrad. “Pero lo sorprendente era que la cubierta y la contratapa traían adherida una mugrienta costra. Los cantos de las páginas mostraban pequeñas partículas de cemento…”.
Este punto de partida es el que lleva al profesor a intentar averiguar de quién viene el libro de Conrad. Aprovechando un periodo de descanso y una visita a sus familiares a su tierra natal, Argentina, el profesor decide buscar en Uruguay las raíces de ese libro. Y, tirando del hilo descubre a un personaje llamado Carlos Brauer, un apasionado de los libros y de la lectura enloquecido.
Este libro es una oda a los libros, a los escritores y a las bibliotecas. Hay muchos guiños a la literatura universal y probablemente me habré perdido muchos por no saber interpretarlos. También es un tributo a los lectores y a esas pequeñas manías que tenemos cada uno de nosotros.
No es un libro del que haya disfrutado demasiado teniendo en cuenta la temática porque me parece algo abstracto y onírico, pero lo que más me ha gustado han sido, sin duda, algunas de sus reflexiones, como las siguientes:
“Insistía en que los libros afines merecían permanecer agrupados bajo otro orden que el de la vulgaridad temática”.
“Coincidió mi regreso a la actividad con la noticia de que Carlos, precisamente, iluminaba sus lecturas con cirios, ya no hacía más que alentar a los demás a imitarlos. Nunca con un autor del siglo veinte, que en ese caso encendía la luz eléctrica”.
“A lo largo de los años he visto libros destinados a equilibrar la para manca de una mesa; los conocí convertidos en mesa de luz, dispuestos en forma de torre con un paño encima; muchos diccionarios han planchado y prensado más objetos que las oportunidades en que fueron abiertos, y no pocos libros guardan, disimulados en los estantes, cartas, dinero, secretos. Las personas también cambian el destino de los libros”.
lunes, 18 de enero de 2016
Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf
Reseña de Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf, por Patricia López Garrido.
Terminé el año con dos novelas protagonizadas por adolescentes: Un final para Rachel, de Jesse Andrews, y esta: Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf. Lo mismo de siempre: un adolescente inadaptado, en este caso, el que no destaca por nada, no es guay y está al margen de las relaciones sociales no porque él quiera, sino porque no le sale, sin más.
Además de no tener amigos, su madre es alcohólica y su padre se está viendo con otra mujer, por lo que ninguno le presta la atención necesaria. Todo esto, bien mezclado y a fuego lento es el perfecto caldo de cultivo para hacer la trastada del siglo aunque, de nuevo, Maik, que así se llama el chico, lo hace sin querer.
Aburrido tras el final de las clases, solo (porque su madre está ingresada en la clínica de desintoxicación, y su padre se ha marchado de viaje con su amante) y triste (porque Tatiana, la chica que le gusta, no lo ha invitado a su cumpleaños), Maik conoce a Tschick, un compañero de clase ruso, igual de marginado que él.
Después de un par de días jugando a la videoconsola, bañándose en la piscina y haciendo estas cosas propias de chiquillos en verano, Tschick le propone a Maik ir hasta el lugar donde se celebrará la fiesta de Tatiana para entregarle el regalo que Maik ha estado haciendo durante un tiempo: un enorme dibujo de su cantante favorita, Beyoncé.
Sin saber cómo Maik se encuentra subido en un coche viejo y destartalado marca Lada con Tschick (menor de 18 años, por cierto) rumbo a un lugar alejado de donde viven en Berlín. Llegan, entregan el dibujo y se vuelven. Pero entonces ambos se dan cuenta de que parecen ser los únicos que no están disfrutando de las vacaciones y, en otro arrebato, Tschick convence de nuevo a Maik para ir a "Valaquia".
A partir de aquí comienza un periplo estilo road trip desastroso en el que se encuentran a gente rara y viven situaciones a ratos divertidas pero poco convencionales, eso desde luego: “Tshick y yo nos marchamos por ahí con el coche. En realidad queríamos ir a Valaquia pero dimos cinco vueltas de campana después de que uno nos disparase. Después persecución policial, hospital. Más tarde me estrellé contra un camión de cerdos y se me desgarró la pantorrilla, pero en fin tampoco nos fue tan mal”.
En ciertos momentos, me aburrí un poco, aunque tanto en principio como el final de la novela me mantuvieron en vilo. Y me pasó como con tantas otras novelas de adolescentes: no acabo de conectar con ellos porque, a pesar de que entiendo cómo se sienten siendo los marginados de la clase, creo que la resolución del conflicto es demasiado para un par de chicos de 14 años. Es más, si lo que pasa en el libro fuera verdad, probablemente hubiera sido un escándalo mediático, más en verano, que ya sabemos que estamos faltos de noticias.
“Desde que era pequeño mi padre me había enseñado que el mundo es malo […] En las noticias y a todas horas: el ser humano no es bueno. Y puede que esto sea cierto en el noventa y nueve por ciento de los casos. Pero lo alucinante es que Tschick y yo solo nos encontramos con el uno por ciento restante”.
Terminé el año con dos novelas protagonizadas por adolescentes: Un final para Rachel, de Jesse Andrews, y esta: Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf. Lo mismo de siempre: un adolescente inadaptado, en este caso, el que no destaca por nada, no es guay y está al margen de las relaciones sociales no porque él quiera, sino porque no le sale, sin más.
Además de no tener amigos, su madre es alcohólica y su padre se está viendo con otra mujer, por lo que ninguno le presta la atención necesaria. Todo esto, bien mezclado y a fuego lento es el perfecto caldo de cultivo para hacer la trastada del siglo aunque, de nuevo, Maik, que así se llama el chico, lo hace sin querer.
Aburrido tras el final de las clases, solo (porque su madre está ingresada en la clínica de desintoxicación, y su padre se ha marchado de viaje con su amante) y triste (porque Tatiana, la chica que le gusta, no lo ha invitado a su cumpleaños), Maik conoce a Tschick, un compañero de clase ruso, igual de marginado que él.
Después de un par de días jugando a la videoconsola, bañándose en la piscina y haciendo estas cosas propias de chiquillos en verano, Tschick le propone a Maik ir hasta el lugar donde se celebrará la fiesta de Tatiana para entregarle el regalo que Maik ha estado haciendo durante un tiempo: un enorme dibujo de su cantante favorita, Beyoncé.
Sin saber cómo Maik se encuentra subido en un coche viejo y destartalado marca Lada con Tschick (menor de 18 años, por cierto) rumbo a un lugar alejado de donde viven en Berlín. Llegan, entregan el dibujo y se vuelven. Pero entonces ambos se dan cuenta de que parecen ser los únicos que no están disfrutando de las vacaciones y, en otro arrebato, Tschick convence de nuevo a Maik para ir a "Valaquia".
A partir de aquí comienza un periplo estilo road trip desastroso en el que se encuentran a gente rara y viven situaciones a ratos divertidas pero poco convencionales, eso desde luego: “Tshick y yo nos marchamos por ahí con el coche. En realidad queríamos ir a Valaquia pero dimos cinco vueltas de campana después de que uno nos disparase. Después persecución policial, hospital. Más tarde me estrellé contra un camión de cerdos y se me desgarró la pantorrilla, pero en fin tampoco nos fue tan mal”.
En ciertos momentos, me aburrí un poco, aunque tanto en principio como el final de la novela me mantuvieron en vilo. Y me pasó como con tantas otras novelas de adolescentes: no acabo de conectar con ellos porque, a pesar de que entiendo cómo se sienten siendo los marginados de la clase, creo que la resolución del conflicto es demasiado para un par de chicos de 14 años. Es más, si lo que pasa en el libro fuera verdad, probablemente hubiera sido un escándalo mediático, más en verano, que ya sabemos que estamos faltos de noticias.
“Desde que era pequeño mi padre me había enseñado que el mundo es malo […] En las noticias y a todas horas: el ser humano no es bueno. Y puede que esto sea cierto en el noventa y nueve por ciento de los casos. Pero lo alucinante es que Tschick y yo solo nos encontramos con el uno por ciento restante”.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Mystic river, de Dennis Lehane
Reseña de Mystic river, de Dennis Lehane, por Patricia López Garrido.
Cuando elegimos Mystic river, de Dennis Lehane, en el Club
de Lectura de Parla Este no me convenció demasiado. De hecho, antepuse unos
cuantos libros pendientes y lo empecé a leer tan solo diez días antes de la
reunión. Cuando lo comencé, sentí que me pasaba lo mismo que con El gran
Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald: la traducción. No me sentía cómoda
leyéndolo, a pesar de que la historia en sí tenía ese algo. Pero fui pasando
las páginas y esa sensación desapareció.
Sean, Jimmy y Dave son tres niños amigos que vivieron una
experiencia que marcaría sus vidas para siempre: jugando un día cualquiera en
la calle, unos desconocidos hicieron subir a Dave, en presencia de los otros
dos, a un coche, y después desaparecería durante días. Lo que le pasó a Dave
nadie lo sabe pero todo el mundo lo imagina. Desde entonces, los tres niños
crecen en circunstancias muy distintas y por caminos diferentes aunque su
destino parece unido.
Dos décadas después, Kate, una de las hijas de Jimmy,
aparece muerta cerca de un parque de la zona en la que viven. La noche del supuesto
asesinato, Dave llega tarde a casa tarde, embadurnado de sangre y con una
coartada que no acaba de convencer a su mujer. Por su parte, Sean, tras varios
años sin contacto con sus amigos de la infancia, será el encargado de resolver
el asesinato de Kate.
A partir de entonces se abre una investigación en la que
todo apunta a que Dave es el sospechoso principal y de la que hay que estar muy
atento a los detalles porque son fundamentales en la resolución del caso. Entre
medias, se descubren las rencillas de un barrio marginado en el que hay
demasiadas heridas cerradas a la fuerza y en el que las traiciones se pagan con
sangre.
En mi opinión, Mystic river es otra novela negra. Lo que más
me gusta de ella es la descripción de cómo es la vida en un barrio marginal,
cómo evoluciona su gente y cómo se forman sus vidas tras esas “mafias” en este
tipo de suburbios. Solo me gustaría destacar un párrafo con una reflexión de
Jimmy tras enterarse de la muerte de su hija:
Una vez me contaron que la madre de Hitler estuvo a punto de abortar, pero que cambió de opinión en el último momento. También me contaron que él se marchó de Viena porque no podía vender sus cuadros. Ya ves, Sean, si hubiera vendido un cuadro o su madre hubiera abortado, el mundo sería un lugar muy diferente, ¿comprendes? O, por ejemplo, digamos que pierdes el autobús por la mañana y, mientras tomas la segunda taza de café, te compras un boleto de rasca y gana, que va y sale premiado. De repente, ya no tienes que coger el autobús. Puedes ir al trabajo en un Lincoln. Pero tienes un accidente de coche y te mueres. Y todo eso porque un día perdiste el autobús
lunes, 19 de octubre de 2015
Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Reseña de Vestido de novia, de Pierre Lemaitre, por Patricia López Garrido.
Un cambio de género en el Club de Lectura Parla Este para animar al personal. Y salió elegida una novela de Pierre Lemaitre, premio Goncourt 2013. Como suele pasar con escritores premiados que gustan, las editoriales sacan del baúl de los recuerdos escritos anteriores que, en algunos casos, como el de Murakami, según dicen sus fieles, son obras maestras. En otros, se recupera el desastre.
No se puede decir que Vestido de novia sea un libro poco entretenido porque, a decir verdad, tal y como me pasó con La chica del tren, lo he leído rápido y me he mantenido enganchada en muchos tramos. Lo que entiendo es que a los lectores más ávidos de thrillers o policiaco se les quede corto.
Soy de ese tipo de personas a la que casi todo (por no ser muy extremista y decir todo) en un libro o en una peli le tiene que cuadrar trasladado el argumento a la realidad. Y la mayor parte de las veces lo paso mal porque normalmente hay muchos elementos que chirrían. En Vestido de novia esa sensación se acrecienta: hay cosas inverosímiles, giros forzados, situaciones pasadas de rosca… Peli de serie B.
Pero, ¿a quién no le entretiene una peli de serie B un domingo por la tarde de invierno? Ya sabes que va a haber sobreactuaciones, tramas imposibles, personajes estereotipados, un final previsible y decadente… Sin embargo, te relajas en el sofá y te dejas llevar. ¿Por qué no?
Un cambio de género en el Club de Lectura Parla Este para animar al personal. Y salió elegida una novela de Pierre Lemaitre, premio Goncourt 2013. Como suele pasar con escritores premiados que gustan, las editoriales sacan del baúl de los recuerdos escritos anteriores que, en algunos casos, como el de Murakami, según dicen sus fieles, son obras maestras. En otros, se recupera el desastre.No se puede decir que Vestido de novia sea un libro poco entretenido porque, a decir verdad, tal y como me pasó con La chica del tren, lo he leído rápido y me he mantenido enganchada en muchos tramos. Lo que entiendo es que a los lectores más ávidos de thrillers o policiaco se les quede corto.
Soy de ese tipo de personas a la que casi todo (por no ser muy extremista y decir todo) en un libro o en una peli le tiene que cuadrar trasladado el argumento a la realidad. Y la mayor parte de las veces lo paso mal porque normalmente hay muchos elementos que chirrían. En Vestido de novia esa sensación se acrecienta: hay cosas inverosímiles, giros forzados, situaciones pasadas de rosca… Peli de serie B.
Pero, ¿a quién no le entretiene una peli de serie B un domingo por la tarde de invierno? Ya sabes que va a haber sobreactuaciones, tramas imposibles, personajes estereotipados, un final previsible y decadente… Sin embargo, te relajas en el sofá y te dejas llevar. ¿Por qué no?
jueves, 30 de julio de 2015
Za za, emperador de Ibiza, de Ray Loriga
Reseña de Za za, emperador de Ibiza, de Ray Loriga, por Silvia Calatrava.
Cuando Za Za, el emperador de Ibiza llegó a mis manos, no sabía nada ni de su argumento ni de su autor. Es uno de esos libros de los que si no es porque alguien te lo recomienda expresamente, no habría sabido de su existencia. En cualquier caso, una vez comienzas a leer este libro de Ray Loriga no puedes dejar de leerlo.
Esto no quiere decir que sea uno de esos libros que te enganchan por su compleja trama o porque esté escrito de forma tan sumamente atractiva que no puedes dejar de leerlo. “Za Za, el emperador de Ibiza” es un libro escrito de forma desordenada en el que el autor expone una idea tras de otra sin que el lector acierte a adivinar qué tienen que ver exactamente con la historia y éste y no otro, es el motivo de que resulte adictivo. El autor crea en el lector una especie de ansia por saber cómo continuará la historia y cómo será capaz de encajar todas las piezas ha ido creando en este puzzle.
A título personal, he de decir que hasta que leí el último capítulo del libro no fui capaz de decidir si me gustaba. A medida que iba leyendo páginas, la historia se convertía en algo muy complejo y (¿por qué no decirlo?) extraño que no era capaz de imaginar cuál podía ser el final de la misma.
En realidad el argumento del libro se basa en la vida de Za Za, un extraficante asentado en Ibiza que vive intentando no llamar demasiado la atención y disfrutando de su rutina y de las pequeñas cosas que la isla le puede proporcionar. Todo esto cambia cuando un barco con su nombre llega a la isla y diferentes personajes empiezan a hacerle visitas y a hablarle de una nueva droga que puede proporcionarles grandes ganancias. Sin tener conocimiento de lo que estos personajes quieran que haga Za Za se embarca en una aventura en la que empieza a aceptar todo lo que la vida le pone en su camino sin preocuparse en exceso del cómo, cuándo o por qué.
En conclusión, un libro que merece la pena leer por su singularidad.
Cuando Za Za, el emperador de Ibiza llegó a mis manos, no sabía nada ni de su argumento ni de su autor. Es uno de esos libros de los que si no es porque alguien te lo recomienda expresamente, no habría sabido de su existencia. En cualquier caso, una vez comienzas a leer este libro de Ray Loriga no puedes dejar de leerlo.
Esto no quiere decir que sea uno de esos libros que te enganchan por su compleja trama o porque esté escrito de forma tan sumamente atractiva que no puedes dejar de leerlo. “Za Za, el emperador de Ibiza” es un libro escrito de forma desordenada en el que el autor expone una idea tras de otra sin que el lector acierte a adivinar qué tienen que ver exactamente con la historia y éste y no otro, es el motivo de que resulte adictivo. El autor crea en el lector una especie de ansia por saber cómo continuará la historia y cómo será capaz de encajar todas las piezas ha ido creando en este puzzle.
A título personal, he de decir que hasta que leí el último capítulo del libro no fui capaz de decidir si me gustaba. A medida que iba leyendo páginas, la historia se convertía en algo muy complejo y (¿por qué no decirlo?) extraño que no era capaz de imaginar cuál podía ser el final de la misma.
En realidad el argumento del libro se basa en la vida de Za Za, un extraficante asentado en Ibiza que vive intentando no llamar demasiado la atención y disfrutando de su rutina y de las pequeñas cosas que la isla le puede proporcionar. Todo esto cambia cuando un barco con su nombre llega a la isla y diferentes personajes empiezan a hacerle visitas y a hablarle de una nueva droga que puede proporcionarles grandes ganancias. Sin tener conocimiento de lo que estos personajes quieran que haga Za Za se embarca en una aventura en la que empieza a aceptar todo lo que la vida le pone en su camino sin preocuparse en exceso del cómo, cuándo o por qué.
En conclusión, un libro que merece la pena leer por su singularidad.
lunes, 27 de abril de 2015
Alguien dice tu nombre, de Luis García Montero
Reseña de Alguien dice tu nombre, escrita por Patricia López Garrido.
Alguien dice mi nombre. Con la P. La P es la letra de los Plebeyos. Del Primer amor. Es la inicial de mi ciudad favorita, París, y de mi pueblo, Parla. De Paul, Auster. De la Periodista que soy. Y de la Profesora que me gustaría ser. Es la P de la Pasión, del Pálpito acelerado de mi corazón, de la Palidez de mi piel, de la Paciencia que no tengo, de las Páginas que me quedan por escribir, de mi Padrino, te adoro. La P, de Patricia.
No tengo a mano la enciclopedia de la Editorial Universo para ver cómo define cada una de estas palabras. Pero, desde luego, me puedo imaginar a los comerciales de la delegación de Granada frente a mí haciendo el relato. Especialmente a Vicente, ese personaje secundario que todo lo inunda. A su lado, sentada muy recta, con una chaqueta fina de punto por encima de los hombros y gafas de pasta, está Consuelo, la secretaria.
El recién llegado, León Egea, todo lo mira, todo lo observa, opina, saca conclusiones. Pero en esta novela de Luis García Montero, nada es lo que parece. Tiene forma de novela y, sin embargo, es pura poesía. Te enreda en el universo de una trama aparentemente sencilla para después descolocarte por completo en las últimas páginas.
Son muchas las palabras que definen a esta novela y, aunque el juego con la P es tan solo algo que comprenderá quien se acerque a ella, me apetece seguir el camino. Porque en Alguien dice tu nombre, la P es la inicial de tres conceptos fundamentales que le dan sentido: la Palabra, la Pasión y los Principios. Ahora lo veréis.
Son las Palabras, la Pasión y los Principios, nada más y nada menos, lo que mueve a León Egea durante toda la novela. Eso sí, de manera lenta, como un verano caluroso en una ciudad de provincias. Solo hay que dejarse llevar por la brisa caliente que azota a los días de verano y refrescarse cada vez que vuelve el agua a las cañerías. Ahora, no conviene dormirse en los laureles porque el viaje es tan plácido que el final llega de sopetón. Vale más abrir los ojos y permanecer atento.
Patricia López Garrido
www.reporteraliteraria.com
Alguien dice mi nombre. Con la P. La P es la letra de los Plebeyos. Del Primer amor. Es la inicial de mi ciudad favorita, París, y de mi pueblo, Parla. De Paul, Auster. De la Periodista que soy. Y de la Profesora que me gustaría ser. Es la P de la Pasión, del Pálpito acelerado de mi corazón, de la Palidez de mi piel, de la Paciencia que no tengo, de las Páginas que me quedan por escribir, de mi Padrino, te adoro. La P, de Patricia.
No tengo a mano la enciclopedia de la Editorial Universo para ver cómo define cada una de estas palabras. Pero, desde luego, me puedo imaginar a los comerciales de la delegación de Granada frente a mí haciendo el relato. Especialmente a Vicente, ese personaje secundario que todo lo inunda. A su lado, sentada muy recta, con una chaqueta fina de punto por encima de los hombros y gafas de pasta, está Consuelo, la secretaria.
El recién llegado, León Egea, todo lo mira, todo lo observa, opina, saca conclusiones. Pero en esta novela de Luis García Montero, nada es lo que parece. Tiene forma de novela y, sin embargo, es pura poesía. Te enreda en el universo de una trama aparentemente sencilla para después descolocarte por completo en las últimas páginas.
Son muchas las palabras que definen a esta novela y, aunque el juego con la P es tan solo algo que comprenderá quien se acerque a ella, me apetece seguir el camino. Porque en Alguien dice tu nombre, la P es la inicial de tres conceptos fundamentales que le dan sentido: la Palabra, la Pasión y los Principios. Ahora lo veréis.
Las Palabras
León Egea Extremera es un estudiante de primer curso de Filosofía y Letras. Corre el caluroso y seco verano de 1963 en Granada cuando su profesor de literatura le encuentra un modesto trabajo como comercial de la enciclopedia en la Editorial Universo. Allí conocerá, guiado por Vicente Fernández Fernández, los entresijos de la profesión o, al menos, eso piensa él. Aunque poco importa, porque León Egea en realidad quiere ser escritor, ama la literatura y gracias a ello tenemos entre manos su diario, sus sentimientos, su vida.La Pasión
Gracias a este cuaderno somos testigos del primer amor de León Egea, de un verano entero a escondidas con una mujer diecisiete años mayor que él; una mujer diferente, apasionada y apasionante. Un amor que empieza como la mayoría, de una manera sencilla, progresiva, casi sin darte cuenta.Los Principios
A lo largo de las páginas encontramos pistas de la rebeldía de León, de su carácter, de su escasa tolerancia a la indiferencia. La novela es un homenaje a los que no son indiferentes, a los que luchan por algo, a los que no tienen miedo.Son las Palabras, la Pasión y los Principios, nada más y nada menos, lo que mueve a León Egea durante toda la novela. Eso sí, de manera lenta, como un verano caluroso en una ciudad de provincias. Solo hay que dejarse llevar por la brisa caliente que azota a los días de verano y refrescarse cada vez que vuelve el agua a las cañerías. Ahora, no conviene dormirse en los laureles porque el viaje es tan plácido que el final llega de sopetón. Vale más abrir los ojos y permanecer atento.
Patricia López Garrido
www.reporteraliteraria.com
jueves, 26 de marzo de 2015
Las aventuras de Alfred y Agatha, de Ana Campoy
Reseña de Las aventuras de Alfred y Agatha, de Ana Campoy, escrita por Mercedes Ordóñez.
Ponerse delante de un papel en blanco y contar no una historia si no, por ahora, siete nos habla de una escritora, Ana Campoy, con bastante talento, curiosa, con imaginación y con capacidad para conectar con los niños a los que va dirigida esta aventura literaria.
"Las aventuras de Alfred & Agatha" se basan en las figuras de dos maestros de suspense y el misterio: Agatha Christie y Alfred Hitchcock. ¿Que hubiera pasado si se hubiesen conocido en su infancia?... Pues seguramente se hubieran embarcado en grandes aventuras y en la solución de curiosos casos y misterios. En estos casos van siempre acompañados de una perrita de gran personalidad llamada Victoria Scarlett Jones-Bohermar, llamada cariñosamente Morritos y que se caracteriza por ser una beagle con dos rabitos tan inteligente y aventurera como se dueña Agatha.
Agatha creará la agencia de detectives Miller&Jones (Miller por el apellido de soltera de Agatha Christie y Jones por el apellido de Morritos) a la que se unirá el personaje de Alfred. La diferencia de clase social, clase media alta la niña y clase burguesa el niño, no es un problema entre ambos ya que tienen intereses e inquietudes comunes con lo cual se complementan perfectamente.
En estos libros encontramos a personajes de la época acompañando a los niños: Edison, los hermanos Marx, Sarah Bernhardt, Alma Lucy Reville (esposa de Hichcock), Conan Doyle (cuyo personaje Sherlock Holmes influyó en Agatha Christie para crear a Hércules Poirot)... e inventos que marcaron ese tiempo, como por ejemplo el telégrafo o el cine, constituyendo un buen escaparate de la época.
En la resolución de los casos los tres personajes tienen que enfrentarse a sus limitaciones y sus miedos consiguiendo esclarecer los hechos tras investigaciones en las que el propio lector puede participar.
En definitiva, entretenido y lectura muy recomendable para niños y adultos que quieran distraerse con sus hijos.
¡Enhorabuena a Ana Campoy y a la editorial Edebe por apostar por los futuros lectores!
Mercedes Ordóñez
http://www.clubdelecturaparlaeste.blogspot.com
Ponerse delante de un papel en blanco y contar no una historia si no, por ahora, siete nos habla de una escritora, Ana Campoy, con bastante talento, curiosa, con imaginación y con capacidad para conectar con los niños a los que va dirigida esta aventura literaria.
"Las aventuras de Alfred & Agatha" se basan en las figuras de dos maestros de suspense y el misterio: Agatha Christie y Alfred Hitchcock. ¿Que hubiera pasado si se hubiesen conocido en su infancia?... Pues seguramente se hubieran embarcado en grandes aventuras y en la solución de curiosos casos y misterios. En estos casos van siempre acompañados de una perrita de gran personalidad llamada Victoria Scarlett Jones-Bohermar, llamada cariñosamente Morritos y que se caracteriza por ser una beagle con dos rabitos tan inteligente y aventurera como se dueña Agatha.
Agatha creará la agencia de detectives Miller&Jones (Miller por el apellido de soltera de Agatha Christie y Jones por el apellido de Morritos) a la que se unirá el personaje de Alfred. La diferencia de clase social, clase media alta la niña y clase burguesa el niño, no es un problema entre ambos ya que tienen intereses e inquietudes comunes con lo cual se complementan perfectamente.
En estos libros encontramos a personajes de la época acompañando a los niños: Edison, los hermanos Marx, Sarah Bernhardt, Alma Lucy Reville (esposa de Hichcock), Conan Doyle (cuyo personaje Sherlock Holmes influyó en Agatha Christie para crear a Hércules Poirot)... e inventos que marcaron ese tiempo, como por ejemplo el telégrafo o el cine, constituyendo un buen escaparate de la época.
En la resolución de los casos los tres personajes tienen que enfrentarse a sus limitaciones y sus miedos consiguiendo esclarecer los hechos tras investigaciones en las que el propio lector puede participar.
En definitiva, entretenido y lectura muy recomendable para niños y adultos que quieran distraerse con sus hijos.
¡Enhorabuena a Ana Campoy y a la editorial Edebe por apostar por los futuros lectores!
Mercedes Ordóñez
http://www.clubdelecturaparlaeste.blogspot.com
lunes, 9 de marzo de 2015
El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald
Reseña de El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, escrita por Johan R. Wilbur.
Este es uno de los cientos de fragmentos con los que me he quedado de la obra más famosa de F. Scott Fitzgerald. Si bien no creo que sea de los más famosos sí que creo que es uno de los que mejor define al personaje alrededor de quien ocurre toda la novela que nos cuenta.
Toda la historia que Nick Carraway, nuestro narrador, nos cuenta empieza cuando decide viajar a Nueva York para trabajar en la bolsa y se muda a una pequeña casa entre dos grandes mansiones para pasar el verano, y poco después, en una fiesta de las cientos que monta normalmente llenas de opulencia y exceso es cuando conoce a su vecino Gatsby.
Nick nos cuenta una historia de amor y traición bañada toda ella por un infinito desprecio por la alta alcurnia a la que, de una forma quizás menos intensa que el resto de los personajes que le acompañaran en la novela, él también pertenece aunque no le guste. Conoceremos también a Daisy Buchanan, la prima de Nick, a su marido Tom y a una amiga de ambos llamada Jordan por la que Nick se sentirá interesado durante buena parte del verano… Y por supuesto, conoceremos a Jay Gatsby, un millonario misterioso al que todo el mundo adora, debido a las grandes fiestas que brinda, pero al que nadie parece conocer realmente.
¿Quién es Gatsby?¿De dónde ha salido?¿Que pretende con tanta generosidad hacia gente desconocida?
Son algunas de las preguntas que Nick poco a poco y con una manera de narrar que a mí, personalmente, entre lo poética y lo mordaz que es, me ha vuelto loco, responderá a lo largo de toda la historia hasta llegar al desenlace que… Bueno, de nuevo, no voy a contaros.
De entre las múltiples lecturas que se le pueden sacar, a mí El Gran Gatsby me parece un retrato de la alta sociedad en los años posteriores a la gran depresión bastante conseguido debido sobre todo a los contrastes tan fuertes que muestra una y otra vez.
Tenemos a los personajes pertenecientes a la alta sociedad. Ricos porque sí. Los vemos todos los días fumando, perdiendo el tiempo en fiestas, divagando sobre sí ocupar su tiempo en una u otra diversión. En contra a estos, nos muestra una parte de la sociedad más trabajadora y responsable, pero hundida en la más absoluta pobreza obrera.
Luego tenemos a Tom Buchanan, un tipo serio y recto como pocos, invadido por los prejuicios y el racismo y con la ferviente creencia de que pertenece a una clase superior a la que ni con dinero a espuertas se puede acceder porque solo unos pocos son los elegidos para formar parte de ella. En contra tenemos a Gatsby, un tipo optimista, (en exceso diría yo) con unas creencias bastante románticas y utópicas y que no tiene problema alguno en pensar que esa clase a la que el resto de los personajes pertenece es creada en torno al dinero exclusivamente.
Y por último tenemos también a las mujeres, que… bueno, personalmente odio a Daisy cosa mala. Jordan me parece una hipócrita y del resto pues poca puedo añadir.
Iremos viendo la verdadera personalidad de esa “elite” de nuevos ricos. Observando como Fitzgerald retrata una oda a la superficialidad y a la hipocresía que embadurnaba a esa clase de gente. Como son capaces de ignorar lo peor que hacen en pos única y exclusivamente de la apariencia y nos embargara un sentimiento de injusticia y desamparo atroces al llegar al final.
En fin, hay que leer obligatoriamente El gran Gatsby, al menos una vez. La veo como una obra, pese a estar ambientada en el Nueva York de los años veinte, bastante atemporal y la forma de narrar del autor me encanta.
Es fácil, si no te gusta la parte de novela romántica, te gustará la parte de la crítica de la hipocresía y falsedad de la sociedad. Y si no, como mínimo, te encantará el personaje de Gatsby en sí mismo. Así de simple.
Johan R. Wilbur
Cronicasdesdeelfindelmundo.wordpress.com
“Incluso aquella tarde tuvo que haber algún momento en que Daisy no estuviera a la altura de sus sueños, no tanto por culpa de la propia Daisy, sino por la colosal vitalidad de su propia ilusión. Su ilusión iba más allá de Daisy, más allá de todo. Y a esa ilusión se había entregado Gatsby con una pasión creadora, aumentándola incesantemente, engalanándola con cualquier pluma que cogiera al vuelo. No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón”.
Toda la historia que Nick Carraway, nuestro narrador, nos cuenta empieza cuando decide viajar a Nueva York para trabajar en la bolsa y se muda a una pequeña casa entre dos grandes mansiones para pasar el verano, y poco después, en una fiesta de las cientos que monta normalmente llenas de opulencia y exceso es cuando conoce a su vecino Gatsby.
Nick nos cuenta una historia de amor y traición bañada toda ella por un infinito desprecio por la alta alcurnia a la que, de una forma quizás menos intensa que el resto de los personajes que le acompañaran en la novela, él también pertenece aunque no le guste. Conoceremos también a Daisy Buchanan, la prima de Nick, a su marido Tom y a una amiga de ambos llamada Jordan por la que Nick se sentirá interesado durante buena parte del verano… Y por supuesto, conoceremos a Jay Gatsby, un millonario misterioso al que todo el mundo adora, debido a las grandes fiestas que brinda, pero al que nadie parece conocer realmente.
¿Quién es Gatsby?¿De dónde ha salido?¿Que pretende con tanta generosidad hacia gente desconocida?
Son algunas de las preguntas que Nick poco a poco y con una manera de narrar que a mí, personalmente, entre lo poética y lo mordaz que es, me ha vuelto loco, responderá a lo largo de toda la historia hasta llegar al desenlace que… Bueno, de nuevo, no voy a contaros.
De entre las múltiples lecturas que se le pueden sacar, a mí El Gran Gatsby me parece un retrato de la alta sociedad en los años posteriores a la gran depresión bastante conseguido debido sobre todo a los contrastes tan fuertes que muestra una y otra vez.
Tenemos a los personajes pertenecientes a la alta sociedad. Ricos porque sí. Los vemos todos los días fumando, perdiendo el tiempo en fiestas, divagando sobre sí ocupar su tiempo en una u otra diversión. En contra a estos, nos muestra una parte de la sociedad más trabajadora y responsable, pero hundida en la más absoluta pobreza obrera.
Luego tenemos a Tom Buchanan, un tipo serio y recto como pocos, invadido por los prejuicios y el racismo y con la ferviente creencia de que pertenece a una clase superior a la que ni con dinero a espuertas se puede acceder porque solo unos pocos son los elegidos para formar parte de ella. En contra tenemos a Gatsby, un tipo optimista, (en exceso diría yo) con unas creencias bastante románticas y utópicas y que no tiene problema alguno en pensar que esa clase a la que el resto de los personajes pertenece es creada en torno al dinero exclusivamente.
Y por último tenemos también a las mujeres, que… bueno, personalmente odio a Daisy cosa mala. Jordan me parece una hipócrita y del resto pues poca puedo añadir.
Iremos viendo la verdadera personalidad de esa “elite” de nuevos ricos. Observando como Fitzgerald retrata una oda a la superficialidad y a la hipocresía que embadurnaba a esa clase de gente. Como son capaces de ignorar lo peor que hacen en pos única y exclusivamente de la apariencia y nos embargara un sentimiento de injusticia y desamparo atroces al llegar al final.
En fin, hay que leer obligatoriamente El gran Gatsby, al menos una vez. La veo como una obra, pese a estar ambientada en el Nueva York de los años veinte, bastante atemporal y la forma de narrar del autor me encanta.
Es fácil, si no te gusta la parte de novela romántica, te gustará la parte de la crítica de la hipocresía y falsedad de la sociedad. Y si no, como mínimo, te encantará el personaje de Gatsby en sí mismo. Así de simple.
Johan R. Wilbur
Cronicasdesdeelfindelmundo.wordpress.com
lunes, 2 de marzo de 2015
Reunión 17: Detectives por unas horas
Estoy muy feliz porque este fin de semana tenemos reunión del Club de Lectura de Parla Este pero, sobre todo, porque el encuentro de este mes es muy muy especial.
Primero porque viene una estupenda escritora y mejor amiga a visitarnos, Ana Campoy, y lo hará acompañada de sus pequeños, Las aventuras de Alfred y Agatha, una colección de siete libros dedicada al público infantil-juvenil que atrapa a adultos por igual.
Segundo, porque esta reunión la haremos en la librería más chula de Parla, la Librería Carmen y porque, al término, sobre las 12 de la mañana, todos los niños que quieran apuntarse van a convertirse en detectives por unas horas.
Os esperamos en la Librería Carmen (encuéntrala en el mapa) el sábado a partir de las 12.
Primero porque viene una estupenda escritora y mejor amiga a visitarnos, Ana Campoy, y lo hará acompañada de sus pequeños, Las aventuras de Alfred y Agatha, una colección de siete libros dedicada al público infantil-juvenil que atrapa a adultos por igual.
Segundo, porque esta reunión la haremos en la librería más chula de Parla, la Librería Carmen y porque, al término, sobre las 12 de la mañana, todos los niños que quieran apuntarse van a convertirse en detectives por unas horas.
Os esperamos en la Librería Carmen (encuéntrala en el mapa) el sábado a partir de las 12.
lunes, 16 de febrero de 2015
La Bibliotecaria de Auschwitz, de Antonio G. Iturbe
Reseña de La Bibliotecaria de Auschwitz, de Antonio G. Iturbe, escrita por Pilar Martín.
Entre la desolación y la muerte de un lugar como Auschwitz, Freddy Hirsch ha levantado en secreto una escuela donde los niños del bloque 31 pueden seguir una vida que de algún modo se asemeje a una infancia normal.
La escuela, cuenta con una biblioteca clandestina de apenas seis libros. Su bibliotecaria es Dita, una niña de 14 años que se ha hecho coser unos bolsillos grandes en su vestido para ocultarlos. A pesar de ser consciente de que si la descubren irá parar a la cámara de gas, o peor aún a la mesa de autopsias de Mengele, Dita cuida con absoluto amor y entrega su pequeña biblioteca porque estos libros son las puertas que le permiten escapar a través de su imaginación del campo de exterminio en el que se encuentra, y leyéndolos puede vivir las vidas de los personajes. Una vida que no está segura de si llegará a vivir en realidad.
Esta es una historia basada en hechos reales que describe el amor profundo por la cultura de un grupo de personas que pasan por distintos campos de concentración y exterminio. De la mano de Dita recorreremos Terezín, a las afueras de Praga, Auschwitz y Birkenau, pero sobre todo, compartiremos el amor por esa cosa tan peligrosa llamada cultura que tuvieron todos los profesores del bloque 31.
Pilar Martín López
http://www.clubdelecturaparlaeste.blogspot.com
Entre la desolación y la muerte de un lugar como Auschwitz, Freddy Hirsch ha levantado en secreto una escuela donde los niños del bloque 31 pueden seguir una vida que de algún modo se asemeje a una infancia normal.
La escuela, cuenta con una biblioteca clandestina de apenas seis libros. Su bibliotecaria es Dita, una niña de 14 años que se ha hecho coser unos bolsillos grandes en su vestido para ocultarlos. A pesar de ser consciente de que si la descubren irá parar a la cámara de gas, o peor aún a la mesa de autopsias de Mengele, Dita cuida con absoluto amor y entrega su pequeña biblioteca porque estos libros son las puertas que le permiten escapar a través de su imaginación del campo de exterminio en el que se encuentra, y leyéndolos puede vivir las vidas de los personajes. Una vida que no está segura de si llegará a vivir en realidad.
Esta es una historia basada en hechos reales que describe el amor profundo por la cultura de un grupo de personas que pasan por distintos campos de concentración y exterminio. De la mano de Dita recorreremos Terezín, a las afueras de Praga, Auschwitz y Birkenau, pero sobre todo, compartiremos el amor por esa cosa tan peligrosa llamada cultura que tuvieron todos los profesores del bloque 31.
Pilar Martín López
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